viernes, 14 de agosto de 2015

Semana

Después de una semana de pesadilla, de gritos furiosos dentro y fuera de mi cabeza, de viajes entrecortados y caminos de fuego, de fingir con mediocridad la sonrisa mediocre, de pelear con la vigilia por su obstinada constancia, de hacer oídos sordos a esos dolores que parecen querer llevarse mi vida. Después de una semana de luchar conmigo mismo por el vicio absurdo de ser quien soy, aparece tu luz y tu voz que son la paz que me falta, tus manos me separan de un suelo que ya empieza a habituarse a mi y tus labios devuelven el calor a mi alma frágil, a mi cuerpo que solo ama cuando tu estás.

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